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¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA ACTIVIDAD?

Después de un episodio de Daño cerebral muchas personas experimentan dificultades para retomar actividades significativas. Varios estudios han demostrado que adultos con DCA mejoraron su ejecución en las tareas después de programas de rehabilitación de Terapia Ocupacional.

Erikson, Tham y Borg(2006), han estudiado la adaptación y participación y examinaron las discordancia que había entre lo que el paciente quiere hacer y lo que hace realmente ,por ello, se propuso un plan de rehabilitación individualizado.

El estudio de Gunilla Erikson et al. (2009) demostró que hay una fuerte relación entre la realización de las actividades deseadas y en la satisfacción vital.

Con ello, la Terapia Ocupacional, se centrará en las actividades de la vida diaria que el paciente quiera recuperar, se tendrá muy cuenta en los efectos del tratamiento ya que se considera exitoso aunque las competencias o el funcionamiento sea deficiente.

La participación se concibe como una compleja y dinámica interacción entre el estado de salud de un individuo, las funciones corporales, el estado funcional o actividades y los factores externos que representan las circunstancias en las que vive el individuo.

Esto nos lleva al concepto de adaptación, uno de los ejes en los que trabaja la terapia ocupacional centrada en la actividad. La mayor parte de los autores coinciden en que la adaptación es un proceso que implica la persona, su entorno y la interacción de ambos. En los pacientes con DCA, la participación en las actividades cotidianas exige una redifinición del proceso de adaptación de las circunstancias vitales, en este proceso surgen handicaps y ahí es donde se debe comenzar el proceso rehabilitador.

En conclusión, este trabajo manifiesta que la ejecución autónoma de las actividades de la vida diaria reporta satisfacción a los pacientes. Se sienten bien con ellos mismos cuando realizan alguna actividad por pequeña que sea, por ello, desde Terapia Ocupacional de deberá trabajar aspectos cognitivos, perceptivos, sensoriales, físicos…pero para lograr que el paciente sea los más independiente posible.

 

 

 

 

 

 

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RESERVA COGNITIVA: PODEMOS PROTEGER NUESTRO CEREBRO

En una sociedad como la actual, tan preocupada por la eterna juventud o el alargamiento de la esperanza de vida, desempeña un papel importante el hecho de funcionar cognitivamente de forma eficaz. Por este motivo nos interesa conocer el concepto de reserva cognitiva.

Este concepto de reserva cognitiva pretende explicar la falta de correspondencia observada entre la cantidad de daño o de patología cerebral y sus manifestaciones (Stern Y. 2002). Es decir, a mayor reserva cognitiva, mayor es la cantidad de daño que puede soportar el cerebro hasta que se manifiestan alteraciones.

La reserva cognitiva potencia la plasticidad y conectividad de las redes neuronales. Una persona que ha ejercitado durante toda su vida sus capacidades cognitivas (capacidad de concentración, memoria, razonamiento, resolución de problemas,…) ha acostumbrado a su cerebro a adaptarse a los cambios y a usar circuitos neuronales alternativos cuando algún circuito se daña. Que es en lo que se basa la rehabilitación de cualquier daño cerebral. Por este motivo, diferentes autores proponen que este constructo podría explicar parte de las diferencias interindividuales respecto a la gravedad del TCE, su expresión clínica y posterior recuperación. En un estudio llevado a cabo por García-Molina et al. (2013) llegaron a la conclusión de que el nivel educativo y la ocupación laboral aportarían una provisión cognitiva que se asociaría con un mejor estado funcional tras la lesión. Al igual, que muchas investigaciones aseguran que las personas con una mayor reserva cognitiva muestran más tarde los efectos de una enfermedad neurodegenerativa, como el Alzheimer.

Si los estudios sobre reserva y su implicación se tienen en cuenta, podrían servir como base para la sensibilización de la población en relación con mantenerse activo intelectualmente, con enriquecer el tiempo con actividades diversas y con mantener o mejorar de este modo las diferentes facetas de la vida de una persona, independientemente de su edad, de su condición social y de su profesión. En este sentido, Carnero-Pardo propone invertir en educación para mejorar la salud física y mental de la sociedad.

Sabiendo esto: ¿no deberíamos ponernos todos a estudiar? Con esto no me refiero a sacarnos una carrera universitaria, pero si podemos llevar a cabo actividades que fortalezcan nuestro cerebro y lo preparen para cualquier circunstancia: leer, aprender cosas nuevas como actividades artísticas (pintura, música,…), estudiar un idioma nuevo, realizar ejercicios que requieran esfuerzo cognitivo, es decir, que nos obliguen a pensar y a resolver problemas difíciles,…

¡No te acomodes y ejercita tu cerebro!

Bibliografía:

Stern, Y. (2002). What is cognitive reserve? Theory and research application of the reserve concept. Journal of the International Neuropsychological.

García-Molina, A., Enseñat-Cantallops, A., Sanchez-Carrión, R., Rodriguez, P., Tormos, JM. y Roig-Rovira, T. (2013) Variabilidad interindividual en la recuperación después de un traumatismo craneoencefálico: efecto de la reserva cognitiva. Medicina Clínica.

Carnero-Pardo C. (2000). Educación, demencia y reserva cerebral. Rev Neurol, 31:584-92.