espesantes

NUEVAS TEXTURAS PARA LA INTERVENCIÓN EN DISFAGIA

Una parte importante de la intervención con los problemas de deglución consiste en hacer adaptaciones de la dieta, y dentro de estas, la modificación de la consistencia de los alimentos es una de las estrategias que se han mostrado más eficaces.

Cambiamos la textura de los alimentos y la hacemos más líquida o más espesa en función de lo que cada paciente puede tragar con seguridad. Para ello usamos caldos, agua o zumos para “aclarar” una textura uniforme o espesantes en el caso de que necesitemos “engordar” la comida.

Para hacer más consistente un alimento tradicionalmente se han venido usando espesantes que dan como resultado una textura en función de la cantidad de producto que añadimos a nuestro alimentos base. El resultado es siempre una consistencia tipo puré.

Afortunadamente en los últimos años se han desarrollado alternativas a este tipo de productos que, por una lado, mejoran sus cualidades  (el tiempo que se mantienen en el espesor deseado, la posibilidad de espesar en frio o en caliente) y, por otra, amplía las posibilidades en cuanto al resultado de la texturas que podemos obtener. Así, en este momento podemos hacer gelatinas partiendo de nuestros propios cocinados, espumas con una textura similar a la de una mousse e incluso obtener una textura “aire” que desaparece en la boca y que permite saborear, por ejemplo, un zumo sin tragar nada.

Entre las NUEVAS TEXTURAS encontramos:

VISCO: se trata de un espesante que cunde 4 veces más que los tradicionales, mantiene su textura en boca sin verse alterado por el contacto de la saliva y permite hacer las todas las texturas que ya concoemos (néctar, miel y puding)

GELEA: es un gelificante con el que podemos hacer gelatinas de agua, de caldos o de zumos naturales pero también de verduras, de pescado, de carne… con la ventaja de que gelificamos en la cantidad y la consistencia deseada en cada caso.

SPUMA: se trata de un espesante que, batido adecuadamente, consigue texturas tipo mousse.

AIR: logra una textura ligerísima que no deja prácticamente residuo en boca pero que estimula la percepción de sabores sin riesgo de aspiración.

 

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¿CÓMO SE COMUNICAN LAS PERSONAS CON AFASIA? I

Ver a las personas con afasia como comunicadores nos permite ir más allá del déficit y ser creativos a la hora de establecer canales para entendernos con ellas. Empezamos con esta una serie de entradas en torno a los tipos de comunicadores que podemos encontrar entre las personas con afasia y del mejor modo de adaptarnos a su capacidad comunicativa.

 Los trastornos afásicos han tratado de ser entendidos a través de distintas clasificaciones. Las primeras, las clásicas ( Afasia de broca, de Wernicke, Transcortical…), hacen referencia a la localización de la lesión y a cuadros clínicos. Más tarde, los modelos cognitivos de procesamiento de lenguaje derivados del estudio de lesiones cerebrales aportaron otra visión y otro modo de clasificar estas alteraciones: anomia pura, sordera para la palabra, dislexia profunda… son términos que responden a estos modelos y permitieron tener más datos para la intervención desde el conocimiento de cómo se está procesando la información en cada caso concreto, para cada personas afectada.

Cada clasificación aporta información distinta que puede ser útil en función de nuestro propósito pero desde el punto de vista comunicativo ambas dicen poco sobre las posibilidades reales de una persona con afasia de comunicar en su contexto real y de las ayudas que va a necesitar.

Desde el mundo de la Comunicación Aumentativa y Alternativa  (CAA) se ha desarrollado también clasificaciones que pueden aplicarse a las personas con afasia. La primera de ellas tiene ya 25 años, fue obra de Garrtet y Beukelman y ha sido revisada posteriormente (Garret y Lasker, 2005). En ellas se establece una primera distinción entre “comunicadores dependientes del interlocutor” y “comunicadores independientes”.

Los comunicadores dependientes son aquellos que necesitan de otra persona para gestionar sus demandas de información. El interlocutor( familiar, terapeuta, amigo…) le tiene que ofrecer alternativas de respuesta (respuestas posibles) y en muchos casos confirmar que lo que estamos entendiendo es correcto. Son por ejemplo las personas que pueden señalar en tableros cuando les damos las opciones ( pero que4 no manejan el sistema autónomamente) o que pueden dar respuesta corta (si y no) ante preguntas concretas y bien formuladas, pero que muestran poca incitativa para comunicar si no se les ofrecen las opciones.

Los comunicadores independientes serian personas que comprender la mayor parte de los que se les dice y que puede expresar sus ideas mediante estrategias diversas de forma autónoma.

Seria el caso de personas que pueden dibujar, usar tableros de comunicación, escribir palabras o frases, seleccionar mensajes preestablecidos en un ordenador o un sistema o hablar con algunos errores que puede compensar.

Las personas con afasia pueden estar en cualquiera de estás situaciones inicialmente y  evolucionar hacia una mayor independencia con el apoyo de la rehabilitación logopédica y con la adaptaciones el medio (de familiares y amigos) a sus posibilidades expresivas y comprensivas, con el uso de apoyos externos y con estrategias que abordaremos en próximos post.

Referencias

Puig-Pallarols, M. C., & Almirall, C. B. (2013). Comunicación aumentativa y alternativa para personas con afasia. Revista de logopedia, foniatría y audiología, 33(3), 126-135.

http://www.elsevier.es/es-revista-revista-logopedia-foniatria-audiologia-309-articulo-comunicacion-aumentativa-alternativa-personas-con-S0214460312000940

 

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¿TRATAMIENTO PSICOLÓGICO TRAS DCA? ¡SÍ, POR SUPUESTO!

Las personas con daño cerebral adquirido (DCA) pueden experimentar alteraciones cognitivas, conductuales y emocionales. En muchos casos, los neuropsicólogos tendemos a centrarnos en los déficits cognitivos y prestamos menos atención a los cambios emocionales asociados al impacto psicológico de la lesión. En esta faceta del DCA es donde la neuropsicoterapia puede ser de gran utilidad para facilitar el proceso de aceptación y adaptación después de un daño neurológico.

Hoy en día, cada vez son más los profesionales que reconocen la importancia del abordaje del sufrimiento psicológico/emocional asociado al DCA. El objetivo de la rehabilitación neuropsicológica no es únicamente promover la recuperación de las funciones cerebrales alteradas, sino mejorar la capacidad funcional del individuo, tratar con sus experiencias de pérdida y ayudarle a encontrar, de nuevo, sentido a la vida.

La persona afectada por un DCA habitualmente ve su vida alterada de forma drástica y muy brusca.  Entre los cambios emocionales que pueden sufrir está la pérdida de autoestima, depresión, ansiedad, ira, impotencia, resentimiento y desesperación. Estos aspectos emocionales están estrechamente ligados al proceso de recuperación, ya que pueden influir negativamente en él.

La neuroterapia, entendida como la aplicación de la psicoterapia en personas con DCA, tiene como objetivo reducir el sufrimiento psicológico/emocional, promover una actitud activa de compromiso vital con la vida tal y como es tras la lesión y restablecer n sentido de propósito o significado a la vida. Así, se debe promover en la persona afectada un sentido de locus interno de control y la redefinición del yo, incorporando el conocimiento y aceptación de las limitaciones asociadas al DCA.

El encontrar de nuevo sentido a la vida se logra a través de una mejora en la conciencia, la aceptación y el realismo. El primer paso es mejorar la conciencia de déficit que presenta el afectado. No hay que confundir la alteración de la conciencia de déficit con la negación psicológica. En esta última, la persona sabe cuál es su situación, pero no la admite. La aceptación se refiere a la búsqueda personal de sentido y significado al estado posterior a la lesión. Esto no quiere decir encontrarse cómoda con la lesión y aprender a vivir con ello sin más, sino que implica aprender a percibir al DCA como parte de ello, y no como u todo. Sin negar el dolor y sufrimiento que pueda causar las pérdidas asociadas a una condición neurológica, el principal desafío es aceptar que la lesión es una parte de la vida, pero no toda la vida. Estos dos avances, conciencia y aceptación, han de permitir a persona comenzar a perseguir metas alcanzables y restaurar un sentido de productividad y significado en su vida, aunque sea en una dirección muy diferente a la anterior a la lesión.

En un entorno clínico fundamentado en la medicina basada en la evidencia, la neuropsicoterapia ha de demostrar su eficacia, del mismo modo que otras técnicas empleadas en rehabilitación neuropsicológica.

Referencias:

García-Molina A, Roig-Rovira T, Enseñat-Cantallops A, Sánchez-Carrión R. Neuropsicoterapia en la rehabilitación del daño cerebral. Rev Neurol 2014; 58: 125-32.

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EJERCICIOS EN CAMA (CAMBIOS DE POSTURA, ACTOSTARSE Y LEVANTARSE)

He seleccionado un capítulo del libro “Rehabilitación en hemiplejia, ataxia, traumatismos craneoencefálicos y en las involuciones del anciano” de Alicia Chapinal, me parece muy útil desde el área de Terapia Ocupacional para enseñar y entrenar a pacientes con hemiplejia.

Espero que os sirva de ayuda.

Moverse en la cama aflojando la ropa

  1. Boca arriba, con las piernas estiradas, pasar una pierna por encima de la otra empujando la ropa con la rodilla. Colocar una manta para que la resistencia sea mayor.
  2. De lado, en la misma situación que en el ejercicio anterior, pasar una pierna por encima de la otra, sin tocarla y regresar realizar el ejercicio hacia un lado y luego hacia otro. Añadir manta  para aumentar resistencia.

Mover los miembros y girar.

  1. Posición de partida. Paciente boca arriba. Desarrollo del ejercicio. Hay que seguir las siguientes fases.
  2. Doblar y estirar las piernas.
  3. Dejarlas caer hacia un lado y hacia otro.
  4. Flexionar una pierna y pasarla por encima de la otra sin tocarla.
  5. Manteniendo las piernas flexionadas, girar el tronco superior, la cabeza, los hombros y los brazos hacia el mismo lado. Girar luego al lado contrario.

Moverse hacia un lado y otro de la cama.

Posición de partida. Paciente boca arriba, con las piernas flexionadas.

Desarrollo del ejercicio.

Realizar el puente, elevar nalgas del plano de la cama y mirándose las rodillas.

  1. En un segundo tiempo, efectuar la  inclinación del tronco y moverse hacia un lado, después trasladar las piernas.
  2. En una tercer fase, separar la cabeza y el tronco de la cama y mover el tronco superior hacia el mismo lado al que se han trasladado las piernas.

Pasar de estar boca arriba a colocarse de lado. Desarrollo del ejercicio. Se realiza en dos fases.

  1. Giro con flexión de la cabeza, giro de hombros y desplazamiento de la mano hacia el lado de giro.
  2. Flexión de la pierna contraria al eje de giro y rotación del tronco inferior hacia el lado del giro.
  3. Desarrollo del ejercicio. Se realiza en cuatro fases.
  4. Sentarse al borde de la cama.
  5. Desplazar el peso del cuerpo hacia el lado izquierdo, al mismo tiempo que se flexiona el codo de ese lado para protegerse de la caída. Simultáneamente pasar la mano derecha hacia el lado izquierdo para repartir el peso del tronco sobre ambos miembros superiores.
  6. Dejarse caer hacia el lado izquierdo al mismo tiempo que se desplaza el codo de ese lado, sacando la escápula hacia fuera del tronco. Simultáneamente subir la pierna derecha a la cama.
  7. Subir la pierna izquierda y rotar el tronco hacia la derecha hasta quedar completamente apoyado en la espalda.

Levantarse de la cama. Desarrollo del ejercicio. Se realiza en cinco fases.

  1. Trasladarse hacia el borde de la cama y situarse un poco en diagonal, como se describe anteriormente, pero sin desplazar el tronco.
  2. Doblar ambas piernas y girarlas hacia el borde de la cama, sacándolas fuera.
  3. Rotar el tronco superior desplazando la mano cerca del borde de la cama. Apoyase no agarrarse.
  4. Una vez en esta postura, apoyar el codo del brazo izquierdo , como muestra la figura y elevar el tronco. Repetir esta fase hasta que el sujeto sea capaz de repetirlo.
  5. Apoyar fuertemente la mano derecha y, con una inclinación del tronco del lado derecho, ponerse totalmente sentado.