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TRASTORNOS DE CONDUCTA EN EL DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO

La presencia de alteraciones conductuales en pacientes con secuelas de daño ce­rebral adquirido (DCA) es un problema clínico común.

Cuando decimos que un paciente con DCA tiene problemas de conducta nos referimos a que ha habido un cambio en su comportamiento. Este cambio en la manera de actuar parece ser consecuencia directa de la lesión cerebral que ha sufrido. Estos trastornos generan malestar en el entorno familiar y causan mucho sufrimiento.

Tal y como nos explican en el Cuaderno de FEDACE sobre la rehabilitación de las alteraciones conductuales tras un DCA, estos cambios en el comportamiento de una persona afectada pueden darse de dos formas diferentes:

Comportamientos por exceso: aparecen con demasiada frecuencia, “antes no los hacía y ahora los hace”.

  • hablar en exceso, utilizar muchos tacos o palabras malsonantes, decir todo lo que se “le pasa por la cabeza”, mostrarse agresivo, no meditar las cosas antes de hacerlas, comer en exceso, solicitar relaciones sexuales con mucha frecuencia o llevar a cabo conductas que rayan en la delincuencia (por ejemplo robos).

Comportamientos por defecto: causan problemas porque no se dan con la frecuencia deseada. “No hace cosas que antes hacía”.

  • incapacidad para relacionarse con los demás, el desinterés por las cosas, la falta de autonomía propia (“hay que decirle todo lo que tiene que hacer”), la sensación de que todo le da igual y la gran dependencia que tiene de los que le rodean.

Un estudio realizado en el 2008 (Kelly, Brown, Peter y Kremer, 2008) analizó la prevalencia de alteraciones conductuales en una muestra de 190 sujetos adultos con daño cerebral. Los resultados indicaron que casi el 86% de los sujetos estudiados presentaban problemas de agresividad verbal y habilidades sociales y casi un 60% de los participantes presentaban problemas de iniciativa o apatía. Aproximadamente el 41% presentaba agresividad hacia otras personas, un 35% agresividad hacia objetos y un 28% conductas sexuales inapropiadas.

La intervención de este tipo de trastornos es vital, ya que sin tratamiento tienden a la cronicidad y al incremento de severidad. Es por ello que su tratamiento ha de aplicarse de forma temprana y rigurosa.

La intervención en los trastornos de conducta es uno de los objetivos prioritarios que el equipo de rehabilitación debe poner en marcha (será el neuropsicólogo el encargado de definir el programa pero todos los profesionales deberán seguirlo) por tres razones. En primer lugar, supone el principal obstáculo en la reintegración laboral y social del paciente. En segundo lugar, la familia recibe un impacto emocional mayor que en el caso de trastornos cognitivos. Y en tercer lugar, la propia rehabilitación (neuropsicológica, aunque también física, logopédica, ocupacional, etc.) se ve afectada por la conducta del paciente. La falta de motivación y, por lo tanto, de implicación en la terapia, así como la falta de respeto a los terapeutas y a las normas del proceso rehabilitador son obstáculos muy importantes para el resultado exitoso de la intervención.

Dentro de las técnicas utilizadas en la intervención de los trastornos del comportamiento están la terapia de conducta y la psicofarmacología que han demostrado ser útiles en la reducción de síntomas no deseados, aunque en algunos casos, como en la apatía, el tratamiento apenas resulta eficaz y habrá que compensar estas secuelas actuando desde el entorno.

Por otro lado, la intervención debe incluir obligatoriamente la psicoeducación a los familiares del paciente para ayudarles a entender la naturaleza de las secuelas, evitar malestar emocional por la presencia de ellas (sentimientos de culpa o rabia hacia su familiar) y aplicar de forma correcta las pautas dadas por parte de los profesionales para lograr la mayor eficacia y generalización del tratamiento.

Bibliografía:

Sánchez-Cubillo I., Lertxundi N., Quemada J.I. y Ruiz-Ruiz R. (2007).Trastornos del comportamiento en daño cerebral Adquirido. Acción psicológica, 4 (3): 101-113.

Kelly G., Brown S., Todd J., Kremer T. (2008) Challenging behaviour profiles of people with acquired brain injury living in community settings. Brain Injury, 22(6): 457–470.

Bibao A, y Martín Capdevila R. (2009). Rehabilitación de las alteraciones conductuales derivadas de un daño cerebral. Cuaderno de FEDACE sobre DCA. http://fedace.org/wpcontent/uploads/2013/09/10_alteraciones_conductuales.pdf)

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