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MIEDO A CAERSE

El miedo a caerse inhibe los movimientos en las reacciones de equilibrio y las anula por completo, el sujeto pierde la necesidad de traslación.

El miedo produce bloqueo para el movimiento y disminución de la actividad. Podemos lograr que el sujeto pierda el miedo a moverse si lo entrenamos de forma que adquiera de nuevo reacciones de reequilibración.

Necesitamos que el paciente confíe en sí mismo y el terapeuta.

El miedo a caerse hace que el sujeto modifique ciertas actitudes:

  1. Miedo a perder el contacto con el suelo: Esto hace que el sujete empiece a modificar la marcha, arrastrando los pies, dando pasos muy cortos, cerrando o abriendo la base de sustentación. Todas las fases de la marcha se alteran, perdiendo velocidad, ritmo y equilibrio y anulando el movimiento de balanceo de los miembros superiores.
  2. Pereza cinética: El sujeto no da los pasos necesarios para desplazarse de un lugar a otro. Normalmente se lanzará hacia el punto al que se dirige a fin de agarrarse lo antes posible, no llegará a contactar la silla con las piernas, sino que se tirará en ella desde dónde se encuentre cayendo en el asiento como un fardo. Los sujetos se dejan caer en el asiento hacia atrás y en el diagonal y permanecen en esa postura.
  3. Dificultad para levantarse: Cuando se quieren levantar, pretenden hacerlo sin avanzar la línea de gravedad hacia delante (tronco hacia delante) para compensar el peso y facilitar el movimiento; de esta forma, el peso del cuerpo sigue atrás y así les resulta imposible levantarse. Recurren a agarrarse al asiento llevando las manos hacia atrás, quizá logran levantarse después de mucho intentos.

Los sujetos van perdiendo la confianza en sus piernas y progresivamente, comienzan a utilizar las manos como agarre y soporte, confiando más en ellas que en las piernas. Es un círculo a mayor agarre menor posibilidad de favorecer la reacciones de equilibrio.

En esta etapa de la enfermedad son imposibles las actividades de la vida diaria que precisan de libertad de movimientos del tronco y de los miembros inferiores, como ir al servicio, darse la vuelta en la cama, levantarse en una silla, cambiar la ropa interior, calzarse, ponerse los pantalones…

En definitiva es muy importante que el sujeto pierda el miedo a caerse durante la rehabilitación de la marcha, de esta forma los resultados serán más satisfactorios.

Referencias:

Alicia Chapinal. (2005). Rehabilitación en hemiplejia, ataxia, traumatismos craneoencefálicos y en las involuciones del anciano. Barcelona: Masson

 

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