INFANTIL

“La verdadera aventura del descubrimiento no consiste en descubrir nuevas tierras, sino en mirar con nuevos ojos”. Marcel Proust

En la infancia, las alteraciones neurológicas pueden tener orígenes muy diversos: dificultades en el parto, alteraciones congénitas, traumatismos craneoencefálicos (accidentes de tráfico o bicicleta, atropellos y caídas desde altura), infecciones, como la encefalitis, tumores que afectan al cerebro, daños secundarios a tratamientos como la quimioterapia… En algunos casos las alteraciones cognitivas y de lenguaje pueden ir asociadas a dificultades motoras o sensoriales, como déficits auditivos o visuales. Todo ello provoca que el niño o la niña  encuentre mayores dificultades para comprender y aprender del medio, adquirir habilidades y desarrollar destrezas.

Habitualmente, cuando el daño se produce en etapas muy tempranas y tiene un componente motor nos referimos al término Parálisis Cerebral, mientras que cuando se ha producido un desarrollo sin dificultades hasta los 3 o 4 años y se produce una lesión cerebral, hablamos de Daño Cerebral Adquirido Infantil.

Una alteración neurológica en la infancia puede significar afrontar dificultades severas de aprendizaje, derivadas de limitaciones cognitivas y de movilidad, alteraciones en el desarrollo de lenguaje, problemas para la articulación del habla y la fonación, para la alimentación oral, para la adquisición de rutinas y el desarrollo socio afectivo, entre otras.

Por ello la valoración individualizada de las necesidades y un programa de intervención son fundamentales para desarrollar todo el potencial del niño o niña.

  • Entre las causas de Daño Cerebral Infantil están:

    • Los traumatismos craneoencefálicos, que en la infancia suelen derivarse de accidentes de tráfico o bicicleta, atropellos y caídas desde altura.
    • Los accidentes cerebro vasculares, que son menos frecuentes.
    • Infecciones, como la encefalitis.
    • Tumores que afectan al cerebro.
    • Daños secundarios a tratamientos como la quimioterapia.
  • En estos casos la intervención se hace necesaria como forma de:

    • Rehabilitar las habilidades que se hubieran podido perder.
    • Estimular la aparición de las capacidades que a lo largo del proceso de desarrollo deberían aflorar.
    • Potenciar habilidades y destrezas necesarias para las actividades como alimentación, la comunicación y el aprendizaje.
    • Compensar las dificultades que el niño o la niña presenta en este momento.
  • Además, es importante la psicoeducación de padres y madres para:

    • Conocer mejor las limitaciones y las capacidades que presenta su hijo o hija en cada momento.
    • Manejar algunas estrategias que pueden estimular el desarrollo cognitivo y de lenguaje de su hijo o hija.
    • Colaborar en las adaptaciones y compensaciones que se pueden introducir tanto en casa como en el medio escolar para facilitar el acceso del niño o niña a lo que le rodea y que pueden abarcar desde el uso de Sistemas Aumentativos de Comunicación a programas de Modificación de Conducta, pasando por el uso de calendarios pictográficos o el seguimiento de pautas para la adaptación de los contenidos escolares.

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